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Curiosidades

 
Las confusiones de “House MD” 
Carlos Larralde.
 
    La célebre serie de TV de Universal Studios, en su Episodio “Pilot”, presenta el caso de Rebecca, una joven profesora de niños  en un ambiente privilegiado del primer mundo quien sufre un primer ataque de epilepsia, y a quien el Dr. House termina por diagnosticarle neurocisticercosis. El diagnóstico se alcanza tras una descabellada  reflexión médica urdida  a priori por Singer, el director del episodio. La improbable senda reflexiva hacia la neurocisticercosis se inicia con el descubrimiento de jamón en el refrigerador de Rebecca.

    El hallazgo es despojado de su trivialidad al propiciarse una discusión sobre el posible origen judío de Rebecca, y a cuyo término ocurre  la disparatada y reveladora sentencia  “donde hay cerdos hay neurocisticercosis”. Una conjunción que soslaya lo innumerable del conjunto de otros elementos cuya existencia intersecta con la de los cerdos, y convoca un olorcillo a castigo divino por una supuesta trasgresión al veto bíblico. La reflexión  pasa luego por la implicación de que la efímera respuesta positiva de Rebecca al tratamiento con esteroides es indicación adicional de neurocisticercosis y termina acudiendo a una tesis sobre el ciclo de vida del parásito que oscuramente propone que los cisticercos pueden desarrollarse en el intestino del portador del gusano adulto a partir de huevos que no han salido por las heces.


    Aún concediendo todas las licencias artísticas para el caso de este melodrama, el episodio incurre en tal confusión causal que, por hastío quizás, conduce al espectador a ubicar en el cerdo la responsabilidad de la transmisión de la cisticercosis. Al menos,  esto concluyeron un sofisticado médico amigo, una médico residente de primer año, una experta parasitóloga y también un taxista tras haberla visto como entretenimiento. Fue preciso examinarla con extrema atención para descargarla un poco del peso de tal falacia.      


    Que quede claro: la cisticercosis no resulta de comer carne de cerdo sino de ingerir cualquier alimento contaminado con huevos del parásito tras haber sido expulsados en las heces de humanos que portan al parásito adulto en sus intestinos. Es pues el humano el que transfiere la cisticercosis a los cerdos, y a los humanos también, al colocar huevos del parásito en posición de ser ingeridos por humanos (preparación de alimentos) o cerdos (defecación a ras de suelo). Y es también el humano quien, comiéndose a los cerdos crudos con cisticercos vivos en sus carnes, contrae la teniasis (el parásito adulto, la solitaria intestinal) no la cisticercosis (ciclo de vida)


    El episodio también falla en otros aspectos importantes. No es verdad que existe una respuesta uniforme a los esteroides, ni a ningún otro medicamento: de hecho, la heterogeneidad clínica y terapéutica  de la neurocisticercosis es proverbial. El conocimiento establecido sobre el ciclo de vida del parásito proclama que para su transformación en cisticercos los huevos requieren de su tránsito por el pH ácido del estómago y del estímulo de sales biliares y otros componentes de la luz intestinal del duodeno. Unas circunstancias que  no prevalecen en el tracto digestivo bajo de los humanos, donde se ubican los proglótidos llenos de huevos fértiles, por lo que es difícil sostener que logren eclosionar y así liberar las oncosferas para que penetren la mucosa intestinal de esos sitios.


    Las imprecisiones sobre la cisticercosis en que incurre House MD, cuando insertan en tan popular serie televisiva de proyección global, pueden crear tal confusión en los televidentes que den al traste con los esfuerzos educativos por aclarar el ciclo de vida de la Taenia solium en la comunidad y por racionalizar las acciones de control liberando al cerdo de una responsabilidad que corresponde al humano.


    Así sea sin malicia, el episodio “Pilot” de House MD entrelaza la ligereza  científica de la producción con el morbo por la tragedia y con la potencia de los medios de comunicación de la modernidad para fraguar una significada contribución a la causa del parásito.
¿Es demasiado esperar que House MD enmiende?


    Seguramente Singer podría crear otro episodio en el que los alumnos de House equivocan en múltiples ocasiones el diagnóstico de neurocisticercosis en el medio urbano al partir de la presencia de jamón en el refrigerador de un epiléptico, así sea o no de origen judío. Mientras que aciertan en más ocasiones partiendo de la identificación de huevos en los exámenes coproparasitoscópicos de sus  empleados domésticos procedentes del medio rural, tal como sí lo hicieron Schantz y colaboradores en un caso de la vida real, en Nueva York (Schantz PM, et al. 1992 El al N. Engl. J. Med. 327:692-695).